No cabe duda de que los smartphones han invadido el mercado en los últimos años. Atrás quedaron los tiempos en que los teléfonos móviles, cuanto más pequeños mejores. Ahora se trata de incluir en ellos más potencia y funcionalidades. Claro que los precios también se han vuelto más “potentes”, faltaría más. Andan ya por encima del precio de un ordenador portátil de prestaciones básicas. Sin embargo, es evidente que en el caso de determinadas actividades físicas resultan muy tentadores como herramienta básica para captar y compartir información.

En mi caso, por ejemplo, que practico bici de montaña y que me gustan las grandes rutas ciclomontañeras de alforja, el smartphone juega su papel. Permite fotografías, video y cargar contenido en redes sociales (twitter sobre todo en mi caso). Vale, y si te llevas un iphone las posibilidades de accesorios tienden a infinito (1128 resultados en la búsqueda a través de una de las tiendas online típicas) con lo que puedes adaptar el uso del smartphone a las condiciones en que desarrollas tu actividad deportiva: agua, barro, protección ante golpes y cosas de esas. Pero hasta cierto punto.

Porque la versatilidad del smartphone también lo predispone en contra cuando quieres sacarle un uso especializado. Cierto que, por ejemplo, para una actividad física en movimiento, dispondrás de aplicaciones tanto en Android como para iphone que te permitirán compartir la ruta realizada. Hablaremos de ellas algún día. Necesitarás activar el GPS y utilizar alguna de estas aplicaciones para luego cargar el contenido en la cada vez más larga lista de sitios web enfocados a compartir afición por tu deporte favorito.

Sin embargo, cuando digo que el uso especializado pone en evidencia las limitaciones de un smartphone me refiero, por ejemplo, a la forma en que se traga las baterías. Si la aplicación que tienes activada mientras desarrollas la actividad física requiere conectividad 3G y GPS, prepárate para ver cómo el nivel de carga de la batería desaparece por arte de magia. Aquí está a fecha de hoy el gran impedimento… si haces salidas largas con la bici o estás de ruta de alforja. Para actividades de un par de horas ni tan mal.

Luego está el asunto de la protección del aparato. El uso casi masivo de las pantallas táctiles tiene su miga, sobre todo si llevas guantes y las yemas de tus dedos están escondidas allá dentro por el frío que hace. No, me temo, que el smartphone es más fino que tu actividad física. Yo, por ejemplo, prefiero llevar una cámara de fotos que permita grabar videos y que te dé garantías de robustez.

Así que los smartphones están aquí con enormes prestaciones pero pudiera ser que sean demasiado frágiles para ciertos deportes al aire libre y en circunstancias atmosféricas adversas. Sin embargo, seguro que nos ofrecen muchas posibilidades para enriquecer nuestra experiencia… si quieres contarla y compartirla en Internet, claro está. En siguientes artículos iremos contando experiencias concretas de uso para que puedas evaluar de qué forma puede convertirse en una herramienta útil para la práctica de tu actividad física.

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